31 julio 2014
Recostón
B. me pidió que le recostara el pene. Mi esposa iba en el asiento de adelante, y yo iba atrás con B. Yo por alguna razón estaba excitado, y tomé mi genital con la mano derecha. Ella me vio y entonces hizo el inusual requerimiento. No había razón alguna para que lo hiciera: aunque en mi sueño B. y yo estábamos en aceptable forma física, B. es muy amiga de mi esposa y yo en la realidad, por lo que ese tipo de comportamientos no suelen ser bien vistos, menos con mi esposa en el asiento delantero del auto. Pero yo no le paré a nada. Me bajé el pantalón, ella también el suyo, y recosté mi pene sobre su pierna derecha, paralelo a su pubis, sin penetración ni movimientos, sólo cobijado por sus labios vaginales y su pierna. Fue divino.
22 mayo 2014
35 semanas
Tu mamá tiene los pies como Pedro Picapiedra, y su barriga le pesa tanto que le cuesta dormir: ronca, le duele cuando se voltea y se levanta a cada rato para ir a orinar. Evidentemente, esta situación dificulta la intimidad, y por eso tu papá tiene un verano bestial.
Pero esas no son las únicas preocupaciones. Entre 2006 y 2013 se repartieron más de 180 millones de bombillos ahorradores que contenían mercurio. Considerando que en el país no hay vertederos para residuos peligrosos, al dañarse, gran parte de estos bombillos fueron a vertederos comunes. Saca la cunta: sólo un bombillo ahorrador puede contaminar hasta 35.000 litros de agua; es decir, te estamos dejando un país súper contaminado por dárnosla de ecológicos.
También heredas un país improductivo. Hace dos años Avon consideró cerrar su planta por las dificultades de obtener divisas. Ellos producen aquí polvos pero las cajitas de los cosméticos las traen de Brasil. O las traían. O las traen como pueden. Su cadena de suministro se vio frenada porque se alteró un eslabón, y 2500 empleados están la cuerda floja. Mientras tanto, sindicatos armados secuestran a trabajadores de Efe, la regulación de precios desaparece al agua mineral, y empresas de electrodomésticos nacionales no pueden testear sus productos porque no hay laboratorios públicos ni privados en el país.
¿Cómo verás estos días cuando tengas 20 años? Ojalá el rencor a ciertos países y clases sociales no te haga indulgente y susceptible a líderes populistas, o peor aún, a los militares. Yo quiero que seas crítica y no tengas miedo de ser criticada, que no pienses si eres de derecha o izquierda porque definirse de algo parece ser inútil si vas a contradecirte, a darte golpes en el pecho, a sentirte culpable por algo que no eres. Yo quiero que seas libre y trates de no atarte a ningún dogma, que no escuches halagos ni proyectos de vida, porque quizás seas muy inteligente o inteligente promedio o rolo de bruta y eso no importa, porque prefiero que seas una mujer fuerte ante los tonos complacientes que cargar con una mochila de complejos y gente que no encuentra el valor de mirar más allá de sus narices.
Tu mamá está acostada en la cama, ya llegó del postgrado, son las 11:14 p.m. y yo tengo mucho sueño. Y te pido disculpas por si cuando tengas 20 años las cosas están peor en este país de retórica absurda, donde es más fácil culpar al enemigo que producir, o por lo menos sacar damnificados que tienen tres años y medio en un refugio.
No sé qué decirte más que la verdad.
Pero esas no son las únicas preocupaciones. Entre 2006 y 2013 se repartieron más de 180 millones de bombillos ahorradores que contenían mercurio. Considerando que en el país no hay vertederos para residuos peligrosos, al dañarse, gran parte de estos bombillos fueron a vertederos comunes. Saca la cunta: sólo un bombillo ahorrador puede contaminar hasta 35.000 litros de agua; es decir, te estamos dejando un país súper contaminado por dárnosla de ecológicos.
También heredas un país improductivo. Hace dos años Avon consideró cerrar su planta por las dificultades de obtener divisas. Ellos producen aquí polvos pero las cajitas de los cosméticos las traen de Brasil. O las traían. O las traen como pueden. Su cadena de suministro se vio frenada porque se alteró un eslabón, y 2500 empleados están la cuerda floja. Mientras tanto, sindicatos armados secuestran a trabajadores de Efe, la regulación de precios desaparece al agua mineral, y empresas de electrodomésticos nacionales no pueden testear sus productos porque no hay laboratorios públicos ni privados en el país.
¿Cómo verás estos días cuando tengas 20 años? Ojalá el rencor a ciertos países y clases sociales no te haga indulgente y susceptible a líderes populistas, o peor aún, a los militares. Yo quiero que seas crítica y no tengas miedo de ser criticada, que no pienses si eres de derecha o izquierda porque definirse de algo parece ser inútil si vas a contradecirte, a darte golpes en el pecho, a sentirte culpable por algo que no eres. Yo quiero que seas libre y trates de no atarte a ningún dogma, que no escuches halagos ni proyectos de vida, porque quizás seas muy inteligente o inteligente promedio o rolo de bruta y eso no importa, porque prefiero que seas una mujer fuerte ante los tonos complacientes que cargar con una mochila de complejos y gente que no encuentra el valor de mirar más allá de sus narices.
Tu mamá está acostada en la cama, ya llegó del postgrado, son las 11:14 p.m. y yo tengo mucho sueño. Y te pido disculpas por si cuando tengas 20 años las cosas están peor en este país de retórica absurda, donde es más fácil culpar al enemigo que producir, o por lo menos sacar damnificados que tienen tres años y medio en un refugio.
No sé qué decirte más que la verdad.
04 mayo 2014
Iba a moler maíz y mira lo que me pasó
Era diciembre y hacía frío como si la ropa estuviera mojada y el ventilador encendido. Me levanté temblando, y aproveché para ir a moler el maíz en el pilón de Claudio, ¿te acuerdas de Claudio?, el viejito que tenía un molino a varias cuadras de aquí. Así Coromoto no me fastidiaba en la mañana con la cuestión de las hallacas, el maíz y esas tonterías de la Navidad.
Agarré la pila de maíz, unas cholas y me fui así como estaba, porque tú sabes que yo duermo con la camisa abierta y pantalón. Pero cuando llegué al molino estaba trancado, quizás porque el vagoneta de Claudio dormía bajo grandes frazadas que le daban calor, mientras yo pasaba el frío hereje allí en la calle.
Aquella madrugada se podía ver las constelaciones con claridad. Había muchísimas estrellas porque el cielo estaba despejado, y por eso hacía más frío, porque mientras más despejado está el cielo, más fresco se pone el clima, ¿cierto o falso? Me quedé entonces pasmado viendo las estrellas, como cuando subía a la platabanda con el telescopio y amanecía dormido en la silla. Pero esta vez yo no tenía cobija, y los siete cabritos titilaban como mis piernas a punto de congelarse.
¡Clank!
Escuché un ruido a lo lejos y levanté la cabeza. Al principio pensé que era Claudio pero no: se trataba de una vieja de aspecto tenebroso. Estaba al final de la calle, tenía el pelo claro y una bata blanca que se movía con la brisa helada. Se notaba que la mujer en verdad no tenía frío, como si la bata fuera una piel de oso polar delgada como la seda, y tuviera algún campo magnético que ahuyentara el viento glaciar. La brisa le movía la bata y el condenado atuendo se iluminaba por sí solo, como si las estrellas le proyectaran auroras boreales con un reflector invisible. Pero tú sabes más que nadie que nada brilla con las estrellas, ni siquiera los ojos cuando uno está enamorado, y por eso me empecé a asustar. Pensé que se trataba de la Sayona.
Me puse nervioso y traté de acurrucarme más de lo que estaba, para tratar de parecer un bulto o cualquier cosa que no se notara entre la oscuridad de la madrugada. Pero la vieja me vio y comenzó a acercarse sin prisa alguna, con esa actitud que tienen los espantos para que te cagues, para que te dé tiempo de arrepentirte de todas las cosas malas que has hecho en tu vida. Pero yo no hacía nada malo, en verdad, más bien la gente solía joderme. ¿No estaba allí en la madrugada solo, haciéndole un favor a Coromoto por puro gusto, pasando frío como si estuviera en Plutón?
La vieja seguía acercándose con lentitud de cometa que se dirige a la Tierra, con el aliento fosforescente de gases tóxicos, los dientes como llamas que penetran en la atmósfera y queman el oxígeno. Brillaban sus ojos que no tenían color, sus pómulos y cachetes huesudos, los brazos albinos que colisionaban en las ciudades terrestres como pisadas en la arena. Yo estaba por orinarme del miedo, casi sentía su mano recorriendo mi cara desde la frente hasta mi cachete derecho, sus uñas felinas que se enterraban en mi cuello sin ella inmutarse, sin darme una risa maliciosa, sin una frase de película de terror barata. Sólo su mano en mi cuello y luego humo, asfixia, nada.
Bajé la cabeza. Me vi en El Carabobeño en la última página: “La Sayona cobró otra víctima”, y a toda mi familia llorando en el velorio. Y mi familia lloraba, y otra gente que nunca vi en mi vida se asomaba a la urna y daba el pésame, se tomaba el chocolate caliente y daba el pésame, contaba chistes y daba el maldito pésame. Y mi madre, mi pobre madre gritaba «yo lo quería, yo lo quería, él sólo fue a moler el maíz, pobrecito», mientras otro tipo que nunca vi en mi vida comentaba que yo era pobre pendejo por tenerle miedo a un espanto. Coromoto me veía entonces en la urna y lloraba a montones porque quise hacerle un favor con el maíz y al final ni siquiera se iban a hacer las hallacas, porque cómo se iban a hacer hallacas con muerto, novenario, misa y todo eso. Subí la cabeza. La Sayona estaba frente a mí, con su cara horrible, alzando la mano para matarme y yo, pobrecito, sangre, horror, El Carabobeño, velorio, pendejo...
― ¡Ayyyyyy!―grité largo, como si el cometa impactara al fin y la morfina cósmica me absolviera toda agonía humana.
Petra Verano, con su saco de maíz, pelo y bata blanca, me tomó la mano con ternura de estrella y preguntó:
― ¿Lo asusté, mijo?
13 abril 2014
Bad Sussy
Susana tiene otra personalidad, un alter ego déspota y despiadado. Esta cara oculta sólo aparece cuando tiene mucho sueño, en ese camino a Alfa donde aún se responde a impulsos de la realidad. Un limbo diabólico, por decirlo así.
Yo había sido testigo de su aparición antes de casarnos, pero no quise creerlo. Lo justifiqué con el estrés de la oficina, la mestruación, o hasta quizás una pelea con su mamá por estos malditos productos en base a hierbas que supuestamente curan la tiroides. Quién sabe. Uno siempre está aguantando tantas cosas y de repente explota y pega un grito. O golpea una pared. O lanzas unas arepas por la ventana.
Eso fue lo que hizo, lanzar mi arepa por la ventana. Habíamos llegado a mi casa de una fiesta, pasados de tragos, y yo decidí preparar unas arepas para «hacer estómago». Unas arepas antes de dormir siempre me resultan eficaces para aliviar la resaca, así que le pregunté a Susana si quería acompañarme. Ella dijo que no, y se quedó dormida en el comedor, con la mejilla recostada en la superficie de la mesa.
Terminada la cocción, dejé la arepa en la sala y fui a la cocina a buscar aguacate y queso para rellenarla. Pero cuando volví, Bad Sussy me esperaba: sostenía en una mano mi arepa, aún caliente, y con la otra me hacía un gesto obsceno.
—Mamagüevo, ¿qué te has creído tú? ¿que yo no como arepa? —dijo con un tono de voz gravísimo, casi con eco.
Yo no podía creerlo. Susana siempre había sido la novia perfecta. Venía a mi casa los fines de semana a lavarme los calzones y prepararme el almuerzo, abnegada, y al irse insistía en que yo no le pagara el taxi. «Todo por mi Cuchi», decía, mientras colgaba las camisas recién planchadas y emprendía la carrera para no perder el último Metrobús. ¿Por qué ahora se comportaba de aquella manera tan grosera?
Esa noche escondí todos los cuchillos y hasta boté el gas de mi encendedor. Conciliar el sueño fue muy difícil, aún después de que ella se desparramó en el mueble de la sala, totalmente inconsciente. Yo traté de hacer vigilia rezando un rosario, pero en algún momento antes del amanecer me venció el sueño, y me entregué al destino.
Me despertó un olor a caraotas con patica de cochino, mi comida favorita. Cogí mi perfume Armani como arma y me dirigí a la cocina. Al asomarme, me puse en posición de ataque y casi lancé mi objeto contundente, pero Susana entonaba una canción de La Oreja de Van Gogh mientras le echaba comino a las caraotas.
—Buenos días, mi Cuchi —dijo risueña y dulce como siempre—. Si quieres siéntate, que ya está listo tu desayuno.
Los días y semanas pasaron, y su comportamiento anormal de la noche de la fiesta se convirtió en un hecho aislado, un trance anecdótico que ni ella misma recordaba. Susana volvió a ser la de siempre, llena de mimos, y yo me convencí de que esa noche había sido una situación excepcional. Mi vida había vuelto a ser constante luna de miel. Por eso no dudé en proponerle matrimonio.
Sin embargo, en la noche de bodas volvió a aparecer Bad Sussy. Apenas entramos al cuarto del hotel, yo fui a hacer pis, y ella se quedó desvistiéndose frente al televisor. Pero al salir del baño, ella estaba desmayada en la cama, aún vestida de novia, con la mejilla recostada en el colchón. Me pareció muy tierna esa escena, y por eso me acerqué y le di unos besitos, para ver si ella despertaba y podíamos intimar, pero reaccionó un muy mal.
—¿Quién eres? —gritó con expresión de enferma mental— ¿Querías violarme dormida, maldito cerdo?
Sus ojos estaban rojos, su piel enverdecida, temí que escupiera moscas por la boca. Además, tenía una fuerza increíble. Agarró el televisor LCD de 32 pulgadas y lo lanzó innecesariamente por la ventana. Yo corrí desesperado por los pasillos del hotel, en zig-zag, hasta que los botones la encontraron desparramada en el piano de cola en el lobby, totalmente inconsciente.
Probé con psiquiatras, terapia con agujas, brujos santeros, hipnosis. Hasta vino un sacerdote al apartamento y lo llenó de agua bendita, y otro trató de exorcizarla. Nada funcionó. En realidad, mi esposa era un frondoso árbol de bondad, y yo tenía que convivir con aquellas explosiones casuales y esporádicas: ese era el consejo final de todos los fracasados que trataron de ayudarme. O el divorcio.
Eso consideraba durante la fiesta de año nuevo que organizó nuestro edificio, la noche que cambió drásticamente el curso de nuestras vidas.
Yo bailaba merengue con la hija del viejo del 12B, cuyo culo sacaba la cara por ella, cuando un grupo comando de ladrones entró al salón de fiesta del edificio, ya cerca de la medianoche. Todos vestían de poliéster negro, con capuchas de lana, y estaban fuertemente armados.
—¡Todo el mundo al piso con las manos en la nuca!
La gente, hasta los más viejtos, obedeció con rapidez. Yo también. Traté de mirar hacia los lados para ubicar a mi esposa, y la imagen era patética: un mar de personas tumbadas en el piso con el merengue aún sonando a todo volumen. Vaya manera de recibir el año nuevo.
—Hey tú —ordenó el que parecía el jefe a otro maleante—, a esa que no obedeció lánzala al suelo. Y si se pone rebelde, la liquidas.
El nerviosismo se apoderó de mí cuando volteé, porque Susana era la única rebelde sentada y dormida, con la mejilla apoyada en la mesa del festejo. Mis manos pasaron de la nuca a la cabeza cuando vi que el matón se acercaba a despertarla.
—¡No quiero bailar! —gritó Bad Sussy con furia de gorila en celo— ¿¿¿Quién fue el imbécil que quitó la música???
El delincuente miró extrañado porque la música seguía sonando. Pero mi esposa se le plantó como si el salón de fiesta fuera un ring de boxeo, y le dijo amenazante: «Vente pues», como si ella fuera Bruce Lee, o cualquier campeón de artes marciales. El ladronzuelo intentó golpearla con la culata de su escopeta pero fue una decisión errada: Bad Sussy tomó uno de los inmensos parlantes y aplastó joven bandido, ante la sorpresa del grupo comando de ladrones.
Por eso, ellos desenfundaron sus armas y descargaron todas sus balas contra mi querida esposa. Durante treinta segundos, el ruido del tiroteo casi nos reventó los tímpanos. Cuando terminaron los disparos, los matones esperaron a que bajara la nube de pólvora para corroborar la destrucción de su objetivo. Yo estaba en shock. Bad Sussy era un monstruo horrible pero no inmortal. Y, la mayoría de las veces, era mi dulce esposa. Estaba destrozado. ¿Quién me prepararía esas deliciosas panquecas con huevos revueltos todas las mañanas?
Pero Bad Sussy seguía allí, de pie, más verde que nunca, con los ojos hirviendo de rojo y unos cachos que salían de su nuca. Pegó un salto imposible desde el fondo del salón hasta donde estaban los maleantes, y los agarró por el pescuezo como si fueran cachorros. Les quitó las armas, los desnudó a todos, y con las manos y piernas atadas con un mecate los obligó a cantar el coro de «Tú», de Juan Luis Guerra & 440, que dice así:
Tú mi ternura
mi compañero
tú lo que busco
lo que más quiero, tú
Y, entonces, mi compañera me sacó a bailar al ritmo del coro a capella de los ladrones. Todos los vecinos comenzaron a levantarse y a gritar vivas, y trataron a alzar en hombros a Susana pero ella los abofeteó porque interrumpieron su baile.
Ahora Bad Sussy es catalogada por los medios como un Superhéroe o algo así, y en la casa tenemos una línea directa con la policía para los casos que a la Ley se les escapan de las manos. Como son tantos, mi esposa no tiene mucho tiempo para dormir, y eso es perfecto para Bad Sussy. A veces, cuando está tranquila, va a los programas de televisión y dice que ella no se acuerda de nada de esas cosas que hace dormida, y entonces la audiencia estalla de ternura por su humildad, y corean su nombre y hasta le rezan.
Yo no me divorcié, por supuesto. Ni porque fuera muy tonto quisiera causarle el menor disgusto a mi esposa. Y como ella está ahora tan ocupada, ahora tengo que cocinar, lavar y planchar por mi cuenta, incluso a veces para ella. No está mal, porque tenemos dinero y hasta salgo con frecuencia en programas de variedades en televisión. La próxima semana estaré en el canal 5, mostrando cómo organizar creativamente una peinadora en veinte minutos. No se lo pierdan.
29 marzo 2014
La #Lista
A T., por su magnífica historia
(*) Todos los precios están expresados en bolívares
(*) Todos los precios están expresados en bolívares
El amigo de T. lo convenció de comprar unas motos Empire Outlook a precio regulado de 27 mil, para revenderlas en el mercado nacional a 70 mil, como #HaceTodoElMundo.
Llegaron al concesionario un sábado a las 7:00 am, muy temprano para ver cómo era el movement. El concesionario se encontraba cerca de Los Teques, a unas cuadras transversales de la Panamericana, zona desconocida por nuestros protagonistas «estianos» (del Este de Caracas) que llegaron en un Jeep Cherokee del año '07. Y para rematar, ya había 24 mototaxistas en espera anotados en una #Lista.
Sí, porque en Venezuela hasta para comprar motos hay que hacer una #Lista.
Un chamo que hizo vigilia en el concesionario anotaba a la gente que llegaba para que no se armara un lío al final de la mañana. Full proactivo él. El chamo tenía además el celular del dueño, producto del acoso prolongado durante la semana en busca de motos, y aquél le dijo que llegaría al local a las 11:00 am, no por flojo sino por precaución ante las protestas del día anterior. El día anterior la Guardia se había caído a plomo con estudiantes en esa zona, pero esa es otra historia.
T. y su amigo decidieron anotarse en la lista. Calcularon que los 24 mototaxistas que tenían por delante no iban pendientes de Outlook de 27 palos, sino de las típicas moto-cartero-malandro de doce mil. «Coronamos, pues», dijeron convencidos, y se fueron a comer unos cachitos en la panadería de la esquina. No imaginaron que al regresar, una hora después, el lugar ya estaba asediado por 150 malandros potenciales sedientos de motos, echando cuentos, y algunos recostados de la Cherokee.
Entre ellos, un tipo le aseguraba al chamo de la #Lista que él había pasado varias veces en la semana, y el dueño le había garantizado que el sábado le daría su moto. Por eso, él no iba aceptar ninguna puta #Lista.
—Tú tienes que pasar y que te vean la cara, catire —le dijo retador a T.—. A mí me ponen de primero o aquí se forma un #Beta.
Solamente por el mal aspecto del tipo, T. estaba dispuesto complacer todas sus peticiones. Pero el chamo de la #Lista se puso serio, y le dijo al tipo:
—Tú vas donde vas, convive, sino te las ves con todos nosotros.
Claro que entre ese «todos nosotros» estaban T. y su amigo, pero con el apoyo de 24 mototaxistas la cosa pintaba mejor para los catires. Mientras tanto, pasaron las horas y llegaban más personas, como si el concesionario fuera una playa de Higuerote en plena Semana Santa. Había gente hasta del otro lado de la calle, que se recostaban de la pared cuando pasaban los carros rozándoles la ropa.
Cuando el dueño llegó pasadas las 2:30 pm, la horda enfurecida estaba a punto de quemar el local. Y, para rematar, el empresario llegó anunciando que sólo vendería 30 motos ese día, sin dar explicación alguna. Como era de esperar, se caldearon los ánimos. La gente comenzó a gritar que cómo era posible, que eso era un abuso, que irían al Indepabis o como se llamara ahora. En fin, un clima de arrechera generalizado excepto para quienes estaban por debajo del puesto 30 de la #Lista. Por dentro, T. y su amigo brincaban de la emoción, porque estaban por debajo del puesto 30 y les tocaba su moto. #Win.
Pero si la vida fuera tan linda no existirían listas, ni raciones de motos, ni dueños que llegan a las dos de la tarde. Cuando el chamo fue a entregarle la #Lista al dueño, éste lo miró con desprecio, y le dijo si se había vuelto loco, que esa lista no iba porque él tenía a gente esperando desde hacía dos semanas, que tú chamo te salvas porque «te he visto» durante la semana, pero que los demás se pueden lavar el paltó, si quieren moto un sábado tendrán que pasar durante la semana para que lo «los vean». Y se acabó.
Entonces la gente comenzó a gritar que el dueño podía irse al mismísimo carajo, y el tipo que había prometido armar un #Beta sacó un arma y echó un tiro al aire, el chamo de la #Lista sólo quería llevarse su moto y trató de calmar los ánimos pero qué va, la situación ya se había escapado de sus manos. T. y su amigo volaron hacia la Cherokee, nunca supieron si pisaron a algunas personas en el recorrido, pero ya no les interesaba hacer lo que #HaceTodoElMundo sino llegar a sus casas y ver una película, tranquilos, sin joder a nadie, aunque eso en este país no garantice nada. Pero al menos da un poco de tranquilidad.
18 marzo 2014
Optimismo
Optimism, por Alfonso Chulvi
Hace diez años tuve una época de hacer mercado sólo con productos hechos en Venezuela. Estos últimos meses he visto jabón líquido importado de Jordania, papel higiénico traído de EEUU, y leche de larga duración comprada a Uruguay.
Un amigo dice que ahora sólo vivimos un quiebre de inventario. Que lo malo está por venir, cuando las empresas comiencen a parar por falta de insumos. Ya lo hicieron Chrysler, Toyota y Polar con las bebidas en lata. Y para rematar, estas empresas no pueden reducir su nómina por la inamovilidad laboral. El Estado les debe dólares desde que estaba a Bs. 2,15, y sigue sin ofrecer garantías de pago.
Voy a tener una hija y es casi imposible conseguir pañales talla RN y P. Las medicinas escasean, y tienes suerte si encuentras toallitas húmedas, cremas humectantes, champús, y otros productos para el cuidado de los bebés.
Mientras tanto, el Estado pierde más de $12.500 MM por subsidio de la gasolina, y hasta esfuma decenas de millones de bolívares en empresas fantasmas para recuperar el Tren El Encanto.
Es difícil encontrar el optimismo.
09 marzo 2014
The Milf Hunter vuelve al burdel
The Milf Hunter engola la voz y pide una cerveza. Siempre le han gustado las mujeres mayores. Cómo olvidar a su profesora de Pensamiento Occidental, M.E, en aquellos tiempos de la universidad. The Milf Hunter se masturbó decenas de veces pensando en ella, y eso que sólo coincidieron en una materia. M.E era experta de filosofía griega, una de las fascinaciones secretas de nuestro héroe, quien aún oculta aquellos libros en su biblioteca. The Milf Hunter quedó prendado desde el primer encuentro, luego de que ella hablara largo y tendido sobre Platón. Al terminar, él se armó de valor para acercarse a su escritorio para comentarle que el mito de la caverna aún existía en pleno siglo XXI; por ejemplo, él conocía personas que se «cegaban» de conocer ciertas realidades. Ella respondió:
―Claro, vivimos en una sociedad llena de mitos. Como el mito de la democracia, por ejemplo.
Bastó eso para enamorarse.
The Milf Hunter estaba convencido de que las mayorías debían decidir el destino de las repúblicas, como explicaba la Nueva Democracia Nacionalista. Pero, ¿y si las mayorías eran una manga de ignorantes que se dejaban llevar por promesas y acciones populistas? ¿Debía entonces joderse el país? The Milf Hunter recordó entonces aquel trabajo que hizo sobre Platón en el colegio, en el que sacó la máxima nota, luego de devorarse la Enciclopedia Encarta 98'. Platón había dividido la sociedad en tres castas: filósofos gobernantes, militares para la defensa, y pueblo como fuerza laboral. En cierta forma, le pareció la misma estructura de las repúblicas actuales. Entonces, ¿por qué era un mito la democracia? The Milf Hunter sabía que aquella reflexión era poderosa, aunque no terminaba de entenderla. Durante todo el semestre trató de encontrar la respuesta, en secreto, y más nunca intervino en ninguna clase de M.E. Antes de darse cuenta, había terminado el semestre con la máxima puntuación, pero aún con la duda.
¿Sería esta obsesión por M.E lo que transformó a nuestro héroe en The Milf Hunter? El pobre diablo se imaginaba visitando la oficina de M.E en la universidad, ella estaba escotada y le recriminaba una baja nota en un prueba. Él bajaba la cabeza, y se hundía de vergüenza en el asiento. Pero, al levantar la vista, ella estaba frente a él y se quitaba la falda, le mostraba su panty negra semitransparente con encajes hasta la cintura, casi hasta el ombligo, como las pantys de las porno ochentosas. Eso lo volvía loco, las pantys ochentosas. Entonces, ella le bajaba la bragueta y se sentaba sobre él, frente a frente, y le apretaba su cabeza contra sus pechos «celestiales». No tenían implantes de silicona, pero eran «celestiales». No había otro superlativo. Desde aquella época universitaria, cualquier cosa que superara los límites de lo «muy bueno», The Milf Hunter lo definiría como «celestial».
Ahora The Milf Hunter bebe su cerveza sin pensar en lo que va a pasar. No es un tipo de tomar muchas birras: tres o cuatro, cuando mucho. Detesta perder el control de sí mismo, algo muy probable si se pasa de copas. Quiere mantener la serenidad, estar serio, verse cool. Porque, para The Milf Hunter, ser cool es poner cara de amargado, no bailar salsa y, en lo posible, no sacar las manos de los bolsillos.
¿Espera a alguien nuestro héroe? ¿Qué hace bebiendo solo en la barra de un burdel sin voltear adonde las putas? Sí, The Milf Hunter vino aquí buscando a alguien, solo quiere relajarse porque está ansioso. ¿Estará ella ahí? Es hora de voltear pero no se atreve. Suda. Se le forman esas malditas gotas en la parte superior de la frente, justo a él, a quien la frente se le engrasa con mucha facilidad. Quiere tranquilizarse, estar cool. Se pasa la manga de la camisa para secarse. Diablos, ¿por qué ponerse nervioso por una puta?
La primera con quien se fue a la cama captó su nerviosismo. Le dijo: «No tengas miedo, papi, aquí sólo venimos a hacer el amor», y la muy zorra le bajó los pantalones y le puso el condón con la boca. Era negra, y tenía un culo «celestial», inmenso. Apenas entró al cuarto, ella se desnudó y le pidió el dinero. Él pidió ir al baño antes del acto sexual, y se echó un pajazo para alargar el siguiente coito.
Dijo llamarse Juana, tenía diecisiete y ejercía desde los catorce. De verdad, provocaba sacarla de aquel pestilente mundo de borrachos que no lograban el orgasmo, y le golpeaban la cara. El sexo es un acto íntimo, así sea realizado con profesionales. Por eso, mientras la cogía, The Milf Hunter pensó que podía llegarla a querer. Y digo «la cogía» porque así lo definió ella, cuando gritó «Cógeme, me gusta como me coges, coges rico» en pleno acto sexual. The Milf Hunter estaba conmovido. Hasta llegó a susurrarle: «quiero sacarte de este mundo», en un momento de debilidad. Y ella fue buena. Le dejó besarle las tetas y apretarle las nalgas. Exprimirlas, realmente. Pero apenas él se vino, toda ella le produjo un inmenso asco. Le pareció insoportable su bozo, sus dientes chuecos y su hedor a mono de Educación Física. Y cuando ella intentó estamparle un beso en la boca, él se separó violentamente. Se puso la ropa, tiró el dinero al piso y le gritó «Maldita puta».
¿Habrá llegado la mujer que busca en este lugar? Nuestro héroe imagina que ella está detrás suyo, le tapa los ojos y comienza a cantar el Happy Birthday, como Marilyn en el cumpleaños de John F. Kennedy. Él vio el video centenares de veces en Youtube (antes de su prohibición) y está seguro de que su voz es igual, el mismo timbre y tono de gata, la expresión medio inocente y pícara, la pose sensual que disimula un mar de inseguridades. Él también es Marilyn en este momento, con su birra en mano y las líneas que ha aprendido para esta noche, porque quiere que todo sea perfecto.
Ésa es la línea que preparó. Y, claro, ella debe estar al borde del llanto, lo que no sabe si sucederá en algún momento de la noche. Tampoco está seguro si utilizar «chupar» o «sorber»: la primera le parece más vulgar aunque siente que debe ser un poco sucio.
Se echa un fondo blanco y voltea. Ella no está aún, sino el burdel oscuro y semivacío. En un rincón, un viejo huesudo y decrépito que viste un flux tres tallas más grande, se besa escandalosamente con una morena que parece transexual. Eso le parece bastante democrático. El viejo paga por placer y obtiene su recompensa. Si se excede del tiempo previsto el matón lo muele a golpes. El matón es pagado por el proxeneta para controlar los escándalos dentro del negocio, como los militares. ¿No es eso la verdadera democracia? The Milf Hunter se ríe a sus adentros y piensa qué serían las prostitutas en su analogía republicana: ¿acaso el control de precios, los sindicatos, el seguro social, la gasolina barata? Diablos, el pobre diablo no lo había pensado antes. Mira la birra que está bebiendo, le salió en un ojo de la cara. Aún así la compró. Aún así está aquí, pagando como el viejo por un momento de placer. ¿Por qué escondió los libros griegos de su biblioteca?, se pregunta. ¿No era mejor dedicar su tiempo libre en hacer lo que le gusta? ¿Cuándo dejó de leer, de informarse?
Recuerda la última vez que fue al Museo de Ciencias Naturales, discutían mudar la vieja exposición a un cuartel, para ampliar la Casa de la Memoria Contemporánea en las instalaciones del museo. La inauguraron con un Gran Concierto por la Paz y la Sabiduría, en clave de reguetón disfrazado de música popular urbana. Nuestro héroe ya no se ríe sino que se asusta. ¿En realidad esos eran nuestros «logros colectivos», apenas placeres que nos daba un proxeneta? La sorpresa le obstruye la garganta. Se desata el nudo de la corbata, trata de beber un sorbo de su birra pero no puede tragar, y la escupe en el piso. ¿Entonces para qué luchamos contra el antiguo sistema? ¿En realidad nunca hemos elegido?
―Hola, mi príncipe, ¿te sientes mal?
Una voz lo distrae de su descubrimiento personal y, para rematar, es M.E., su antigua profesora de Pensamiento Occidental, la chica que estaba esperando. Está vestida con un disfraz sexy de Atenea, la diosa griega de la sabiduría. Consiste en una toga blanca semitransparente que deja ver sus pechos sin implantes del tamaño de un puño, macizos, «celestiales». En lugar de una tiara de flores, luce un casco romano con el típico peine en la parte superior, cual alfil de ajedrez barato. Un grueso cinturón de cuero marrón le aprieta las «eses» de su cintura, donde sus manos están apoyadas, alzando unas hombreras de fantasía metálica como de retrato de Simón Bolívar. Y, como broche de oro, unas pantys ochentosas asoman trazos de su vello púbico dorado como su cabello suelto.
The Milf Hunter no puede creerlo. Ni en sus fantasías más perversas la imaginó tan perfecta, tan ideal. Por eso le cuesta tanto dinero la hora acordada. Y a pesar de toda la cháchara de su descubrimiento anterior, se siente profundamente agradecido con la Nueva Democracia Nacionalista, que un año antes dio de baja a todos los profesores universitarios de filosofía griega, para centrarse en lo que verdaderamente importa, la filosofía aborigen precolombina. Si no fuera por esto, nuestro héroe nunca tuviera la oportunidad de disfrutar esta ocasión única en su vida. O quizás sí, pero tendría que aplicar muchísimo tiempo y esfuerzo. ¿Y de eso no se trata la democracia, de tener todos las mismas oportunidades?
―No, mi amor, me siento genial. Por cierto, quiero sorber tus lágrimas como si fueran gelatina.
¿Espera a alguien nuestro héroe? ¿Qué hace bebiendo solo en la barra de un burdel sin voltear adonde las putas? Sí, The Milf Hunter vino aquí buscando a alguien, solo quiere relajarse porque está ansioso. ¿Estará ella ahí? Es hora de voltear pero no se atreve. Suda. Se le forman esas malditas gotas en la parte superior de la frente, justo a él, a quien la frente se le engrasa con mucha facilidad. Quiere tranquilizarse, estar cool. Se pasa la manga de la camisa para secarse. Diablos, ¿por qué ponerse nervioso por una puta?
La primera con quien se fue a la cama captó su nerviosismo. Le dijo: «No tengas miedo, papi, aquí sólo venimos a hacer el amor», y la muy zorra le bajó los pantalones y le puso el condón con la boca. Era negra, y tenía un culo «celestial», inmenso. Apenas entró al cuarto, ella se desnudó y le pidió el dinero. Él pidió ir al baño antes del acto sexual, y se echó un pajazo para alargar el siguiente coito.
Dijo llamarse Juana, tenía diecisiete y ejercía desde los catorce. De verdad, provocaba sacarla de aquel pestilente mundo de borrachos que no lograban el orgasmo, y le golpeaban la cara. El sexo es un acto íntimo, así sea realizado con profesionales. Por eso, mientras la cogía, The Milf Hunter pensó que podía llegarla a querer. Y digo «la cogía» porque así lo definió ella, cuando gritó «Cógeme, me gusta como me coges, coges rico» en pleno acto sexual. The Milf Hunter estaba conmovido. Hasta llegó a susurrarle: «quiero sacarte de este mundo», en un momento de debilidad. Y ella fue buena. Le dejó besarle las tetas y apretarle las nalgas. Exprimirlas, realmente. Pero apenas él se vino, toda ella le produjo un inmenso asco. Le pareció insoportable su bozo, sus dientes chuecos y su hedor a mono de Educación Física. Y cuando ella intentó estamparle un beso en la boca, él se separó violentamente. Se puso la ropa, tiró el dinero al piso y le gritó «Maldita puta».
¿Habrá llegado la mujer que busca en este lugar? Nuestro héroe imagina que ella está detrás suyo, le tapa los ojos y comienza a cantar el Happy Birthday, como Marilyn en el cumpleaños de John F. Kennedy. Él vio el video centenares de veces en Youtube (antes de su prohibición) y está seguro de que su voz es igual, el mismo timbre y tono de gata, la expresión medio inocente y pícara, la pose sensual que disimula un mar de inseguridades. Él también es Marilyn en este momento, con su birra en mano y las líneas que ha aprendido para esta noche, porque quiere que todo sea perfecto.
Quiero chupar tus lágrimas como si fueran gelatina
Ésa es la línea que preparó. Y, claro, ella debe estar al borde del llanto, lo que no sabe si sucederá en algún momento de la noche. Tampoco está seguro si utilizar «chupar» o «sorber»: la primera le parece más vulgar aunque siente que debe ser un poco sucio.
Se echa un fondo blanco y voltea. Ella no está aún, sino el burdel oscuro y semivacío. En un rincón, un viejo huesudo y decrépito que viste un flux tres tallas más grande, se besa escandalosamente con una morena que parece transexual. Eso le parece bastante democrático. El viejo paga por placer y obtiene su recompensa. Si se excede del tiempo previsto el matón lo muele a golpes. El matón es pagado por el proxeneta para controlar los escándalos dentro del negocio, como los militares. ¿No es eso la verdadera democracia? The Milf Hunter se ríe a sus adentros y piensa qué serían las prostitutas en su analogía republicana: ¿acaso el control de precios, los sindicatos, el seguro social, la gasolina barata? Diablos, el pobre diablo no lo había pensado antes. Mira la birra que está bebiendo, le salió en un ojo de la cara. Aún así la compró. Aún así está aquí, pagando como el viejo por un momento de placer. ¿Por qué escondió los libros griegos de su biblioteca?, se pregunta. ¿No era mejor dedicar su tiempo libre en hacer lo que le gusta? ¿Cuándo dejó de leer, de informarse?
Recuerda la última vez que fue al Museo de Ciencias Naturales, discutían mudar la vieja exposición a un cuartel, para ampliar la Casa de la Memoria Contemporánea en las instalaciones del museo. La inauguraron con un Gran Concierto por la Paz y la Sabiduría, en clave de reguetón disfrazado de música popular urbana. Nuestro héroe ya no se ríe sino que se asusta. ¿En realidad esos eran nuestros «logros colectivos», apenas placeres que nos daba un proxeneta? La sorpresa le obstruye la garganta. Se desata el nudo de la corbata, trata de beber un sorbo de su birra pero no puede tragar, y la escupe en el piso. ¿Entonces para qué luchamos contra el antiguo sistema? ¿En realidad nunca hemos elegido?
―Hola, mi príncipe, ¿te sientes mal?
Una voz lo distrae de su descubrimiento personal y, para rematar, es M.E., su antigua profesora de Pensamiento Occidental, la chica que estaba esperando. Está vestida con un disfraz sexy de Atenea, la diosa griega de la sabiduría. Consiste en una toga blanca semitransparente que deja ver sus pechos sin implantes del tamaño de un puño, macizos, «celestiales». En lugar de una tiara de flores, luce un casco romano con el típico peine en la parte superior, cual alfil de ajedrez barato. Un grueso cinturón de cuero marrón le aprieta las «eses» de su cintura, donde sus manos están apoyadas, alzando unas hombreras de fantasía metálica como de retrato de Simón Bolívar. Y, como broche de oro, unas pantys ochentosas asoman trazos de su vello púbico dorado como su cabello suelto.
The Milf Hunter no puede creerlo. Ni en sus fantasías más perversas la imaginó tan perfecta, tan ideal. Por eso le cuesta tanto dinero la hora acordada. Y a pesar de toda la cháchara de su descubrimiento anterior, se siente profundamente agradecido con la Nueva Democracia Nacionalista, que un año antes dio de baja a todos los profesores universitarios de filosofía griega, para centrarse en lo que verdaderamente importa, la filosofía aborigen precolombina. Si no fuera por esto, nuestro héroe nunca tuviera la oportunidad de disfrutar esta ocasión única en su vida. O quizás sí, pero tendría que aplicar muchísimo tiempo y esfuerzo. ¿Y de eso no se trata la democracia, de tener todos las mismas oportunidades?
―No, mi amor, me siento genial. Por cierto, quiero sorber tus lágrimas como si fueran gelatina.
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