23 enero 2015
Rutina
06 enero 2015
Movimiento de Prioridad Masculina
21 noviembre 2014
Anticiudad
Como no puedo caminar por la acera, camino por la calle. Esquivo a los motorizado como si fueran lava venenosa, porque los motorizados son como los peces, no frenan. Hace unos meses vi una foto de esta zona sin metro, buhoneros ni terminal de facto de autobuses, y parecía lindo. Pero no debo confundir de nuevo que todo lo pasado fue mejor. Por eso, mientras te muestro lo que queda de esta anticiudad, espero que puedas crecer aquí, pero no tampoco quiero detenerme por nacionalismos trasnochados. Cuando mi papá nos tuvo, este era un país donde, si estudiabas una carrera universitaria y entrabas en una buena empresa, tenías garantizado en el corto plazo un lugar para vivir y una vida tranquila. Tu mamá sufre en ocasiones de ataques de pánico si caminamos por un sitio oscuro de una zona elitesca donde no debería pasar nada y diario pasan. No merece eso y menos tú. ¿Qué oportunidades tendrías cuando seas mayor en este país? ¿Trabajar en una empresa del Estado? Cada vez nos acostumbramos más a la mediocridad y ya no sé por qué lucho, ni por qué soy tan obstinado en tener esperanzas, pero las tengo. Sé que las cosas cambiarán pero no sé cuando, y no tengo demasiado tiempo para esperar. Así que cuando sueñes, por favor, acuérdate de la anticiudad que te muestro por la ventana y dale otra oportunidad.
Quizás así se aceleren las cosas.
23 octubre 2014
Amor bachaquero
Ellos se conocieron en la cola del supermercado Bicentenario de Macaracuay. Él era guachiman en un estacionamiento en el centro de Caracas. Ella lavaba cabezas en una peluquería del Unicentro el Marqués. Ella le preguntó: «Chico, ¿esta cola para qué es?», y el le respondió: «Para lo que haiga». Y el flechazo fue instantáneo como el saqueo de una gandola de Mazeite en la autopista.
Ella notó que él llevaba un bulto repleto de champú Head & Shoulder, aunque el cabello de su amado estaba lleno de caspa. Le preguntó:
—Mi amor, y por qué no usas un champú para lavarte ese pelo? —y entonces puso cara de picardía—. Si quieres yo te lavo esa cabeza.
—¡Ay, chica, pero tú no viste «Caracortada»! —respondió él alarmado—: uno no puede embasurarse con su propia mercancía.
Ella rió pero sabía que él tenía razón. Había escuchado de gente loca que se ponía a regalar sus productos porque fulanito no tenía leche, o menganito se había quedado sin pañales. No, qué va, ella se había sudado su cola, y si alguien quería algo, que lo comprara a su buhonero-cliente en Bellas Artes.
Pero nuestra heroína también tenía su corazoncito: de vez en cuando uno podía echarse su «gustico». Por eso, ella le dijo a su hombre con tono tristón:
—Ay, gordo, ¿pero tú nunca agarras nada para ti?
—Claro, mi negrita —respondió él mientras sacaba una leche condensada de su bolso—. Pero ésta la usas esta noche conmigo.
Y esa noche los tórtolos hicieron el amor apasionadamente en la garita de Parque Caracas. Sin embargo, a las tres de la mañana ya estaban saliendo a hacer la cola en el Excelsior Gama de Santa Eduviges: sólo por el puesto cobraban dos mil quinientos cada uno.
22 octubre 2014
La señora que limpia desapareció sin dejar rastro
01 octubre 2014
Zancunoia
07 septiembre 2014
Cueritos
A veces pienso que me como los cueritos de los dedos porque soy una persona programada para la insatisfacción. A estas alturas de la vida ya mis rollos existenciales no son mi pareja ni mi trabajo (menos mal) sino estupideces de las cuales tengo perfecta conciencia y que antes (aún a veces) me hacían sentir culpable. Por ejemplo, el viejo dilema entre la literatura y la ciencia. Con el tiempo he entendido que soy un escritor promedio que puede tener buenos cuentos, y por eso me he dedicado a escribirlos y corregirlos con calma. Me mortifica, eso sí, un par de cuentos que tengo en las cabeza desde hace meses y no termino de escribir porque entro en Facebook o Instagram y esas cosas. El lado científico se me das más fácil, porque soy pragmático y un poco cuadrado, aunque no tengo demasiado talento para las matemáticas. Sin embargo, tengo la fortuna de trabajar en algo que me gusta, que es《manejar datos, y procesarlos para generar estadísticas》, la profesión de Chandler en Friends, y darme cuenta de esa empatía ha sido un descubrimiento maravilloso.
Cuando era pequeño, siempre obtuve las mejores calificaciones y hasta gané un concurso literario con unos poemas pavosísimos, y por eso mucha gente sembró expectativas sobre mí. Por mucho tiempo, yo me sentí presionado por esas expectativas, porque sentía de pana que no era una persona convencional, que estaba por encima del resto. Esa actitud ser 《sabio de facto》 me llevó a ser prejuicioso y esnobista, y hasta di consejos y opiné de temas de los cuales no tenía ni la más remota idea. Incluso, llegué a diseñar ciertos estereotipos de chicas que podrían ser mi pareja, y otras cosas vergonzosas que quisiera borrar de mi cerebro.
Sí me preocupa el futuro. Aunque no pienso mucho en él, sé que está ahí y algún día tendré que planificarlo. ¿Será mi actual trabajo? ¿Será otro país? Sin duda, a pesar de la situación del país ahora estoy en una zona de confort, pero sería agradable darle a mi hija unas mejores condiciones para que disfrute su infancia. Eso sí lo he pensado. Pero tampoco quisiera abandonarlo todo, justo cuando estoy en un sitio donde siento que aporto tanto.
Mientras tanto, mis dedos sufren.



